Por: Victoria (@viktoria_jpg)
Columbus, el film debut del cineasta estadounidense nacido en Corea del Sur, Kogonada, nos cuenta la historia de un hombre nacido en Corea (Jin) que debido a que su padre, el cual es arquitecto, entra en coma, debe ir a visitarlo; por otro lado está Cassey, una joven brillante y apasionada por la arquitectura que prefiere quedarse en Columbus a cuidar a su madre, la cual es una adicta en recuperación, que perseguir sus propios sueños.

Columbus, Indiana, es la meca de la arquitectura y los estudios gracias a la gran concentración de edificios modernistas con los que cuenta.
Cassey, una amante de la arquitectura y Jin, que dice odiarla, cruzan sus caminos de pura casualidad y es en esa primera charla que comparten juntos es que nos vemos encaminados a un viaje lleno reflexión y edificios que por momentos evocan un aura casi humano. La amistad entre estos dos se va dando de forma gradual, llena de silencios largos y reflexivos (y un par de bromas incómodas); a pesar de que la vida de cada uno es totalmente diferente, ambos comparten emociones complejas relacionadas con la familia y la lealtad pero aún así la percepción que cada uno tiene sobre la familia es distinta.

Jin se encuentra luchando constantemente con la idea de que su padre nunca estuvo lo suficientemente presente en su vida y cuando este cae enfermo se ve en la obligación de viajar y dejar de lado su trabajo, incluso llega un punto en el que se encuentra en un dilema: esperar a que su padre se recupere o simplemente irse y dejarlo sin importar lo que le pase, en cambio, Cassey siente más que un apego emocional hacia su madre, se siente responsable de ella, cree que dejarla y empezar su propia vida no sería lo mejor; y es que es precisamente esto lo que a mi parecer es el punto fuerte de la película, dentro de una historia tan simple como la de Cassey y Jin en donde ambos tienen problemas (que no van más allá de los que cualquier persona en la vida real pudiera haber pasado), lo cautivador es la forma en la se van presentando las cosas, un guión sencillo pero que funciona y el uso de una paleta de color cálida son los elementos necesarios para verte inmerso a lo largo de toda la historia.
Otro de los elementos que juegan un papel fundamental en esta cinta es la fotografía. Kogonada sabe perfectamente bien cómo capturar la belleza de los edificios, y no solo eso, también les da un significado entre líneas para que de forma implícita el espectador se sienta parte de esas obras creadas por el ser humano, lo cual es un tanto gracioso ya que constantemente estamos contemplando planos pausados que sirven para resaltar que estamos presenciando una maravilla hecha por el hombre pero al mismo tiempo se nos da a entender que poco importa eso para la mayoría de los personajes de la película.

Sin duda alguna, Columbus es una película fascinantemente conmovedora, el encanto que nos plantea el cineasta va más allá de la trama de los personajes principales, se desplaza hacia el exterior, hacia un sentimiento de admiración y amor por los espacios, los edificios y, en ocasiones, la naturaleza misma.
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