Por: Osvaldo Escalante (@OsvaEsc)
Decision to Leave es una cinta escrita y dirigida por Park Chan-Wook, y protagonizada por Park Hae-il y Tang Wei. La película nos cuenta la historia de Jang Hae-joon, un prestigioso detective que se ve envuelto en un caso de posible asesinato, en el que un hombre muere al caer de una montaña. Jang sospecha de Song, la -ahora- viuda del difunto.

Es difícil hablar del cine del surcoreano, sobre todo cuando su obra está tan meticulosamente pensada que cualquier aportación que el espectador sugiera, probablemente ya fue considerada por el director. Mientras la previa filmografía del nacido en Seúl nos mostraba un estilo apabullante en las imágenes y tormentoso en su ritmo, Decision to Leave es calma, es delicadeza y es belleza al mismo tiempo. A pesar de que la película comienza siendo un claro film neo-noir, con todos sus códigos bien establecidos, es difícil categorizarla. Tal vez sea porque la cinta rompe con la premisa inicial a la mitad de la película, pero Park Chan-Wook nos entrega un exquisito drama criminal que se convierte en una fina historia de amor. Un thriller policíaco construido sobre un fatídico romanticismo es la base de las mejores películas de cine negro de la historia, y así es exactamente como Park y el coguionista Jeong Seo-Kyeong construyen esta historia. Al mismo tiempo que las mejores historias de amor son aquellas que involucran obsesión.
Lo fascinante de Decision to Leave es que, mientras los géneros se mezclan, nunca se abandona ninguno de ellos. Es decir, aún y cuando cruzamos la frontera que dividía la obsesión del amor, el crimen del criminal o el bien del mal, nunca nos olvidamos de aquellos ganchos presentados en el primer acto de la película. Todos los hilos conductores están presentes para llevar al espectador de un lado a otro. Pasearlo como si de un barco se tratara; y todas las olas que llegaran a desestabilizar al barco, son las emociones que se trasladan al otro lado de la pantalla. El celular, el asilo, los asesinatos; todos son recursos que se irán utilizando conforme la película avance hasta llegar al punto donde no se necesiten más, pues su función ha sido cumplida y han dejado una marca en los personajes, en la historia.

Mientras el guion funciona a la perfección desarrollando la historia de amor, a la par que el caso de homicidio continúa en marcha, la cámara no se queda atrás. Park cuida explícitamente los movimientos de su cámara y el juego que estos puedan dar: para formular incógnitas en el espectador, para ayudar al detective a resolver el crimen, o para variar la yuxtaposición de los elementos dentro del plano. Si a eso le sumas el increíble trabajo de montaje, transiciones y cómo el score empata con las tomas y los sentimientos de los personajes, te queda uno de los trabajos mejores dirigidos del 2022. No es que el fondo sobrepase la forma o viceversa, es que todo juega en el mismo nivel para que, consciente o inconscientemente, entremos en las reglas que Park ha establecido desde que la cinta comenzó.
Probablemente sólo nos queda revisitar esta y todas las películas del maestro surcoreano, pues en ellas encuentras una vasta relación de temas que convergen aquí, en su más reciente obra. Del mismo modo, es imposible ignorar ese final trágico, del cual no puedo hablar aún, pues la cinta acaba de estrenarse en cines.
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