“Glass Onion: A Knives Out Story”: Sigue estando por encima de los whodunit promedio, pero…
- Freddie Montes
- 27 dic 2022
- 5 Min. de lectura
Por: Freddie Montes (@FreddieMontes)
Daniel Craig encabeza a un gran elenco conformado por personalidades como Edward Norton, Kate Hudson, Janelle Monáe y Leslie Odom Jr., entre otros, en esta secuela de la exitosa cinta de misterio del 2019 ‘Knives Out’ (‘Entre Navajas y Secretos’), la cual vuelve a tener como su director y guionista a Rian Johnson.
Una gobernadora candidata a un escaño en el Senado, una controversial diseñadora de modas venida a menos, su entregada asistente, un hombre dedicado a la ciencia, un streamer de poca monta, su atractiva novia y la misteriosa examiga de todos ellos reciben una curiosa invitación por parte del multimillonario Miles Bron (Edward Norton) para pasar un fin de semana en su isla privada en Grecia. Durante su estadía, el grupo deberá participar en una simulación consistente en descubrir quién asesinó a Miles. Pero cuando en la noche del juego ocurre un homicidio real, el detective Benoit Blanc (Daniel Craig), cuya invitación al lugar sigue siendo un misterio para todos, deberá tomar las riendas del caso para descubrir quién fue el asesino dentro de un grupo de gente en el que todos tienen motivos suficientes para ser considerados como sospechosos.

Antes que otra cosa, se tiene que dejar en claro que, en cuanto a calidad, tanto ‘Glass Onion’ como su precuela ‘Knives Out’ se encuentran por encima del promedio de las cintas que presentan el concepto del whodunit (subtrama de las novelas policiacas en la que el punto principal es invitar al público a que descubra quién es el autor del delito). No es necesario irse muy lejos, otras propuestas bastante pobres del subgénero estrenadas este mismo año como ‘Death on the Nile’ y ‘Amsterdam’ sirven para entender de dónde sale el revuelo y por qué nacen las etiquetas de “original” que han sido conferidas en favor de este universo presentado por Rian Johnson. Sin embargo, también es un hecho que esta película está por debajo de las grandes exponentes fílmicas de este subgénero al ser incapaz de amalgamar conceptos interesantes en un producto realmente funcional, pues bajo la bandera de que es una crítica a producciones similares, potencia tópicos como la crítica social o la comedia con la intención de venderse como una propuesta fresca por encima del que debería ser su elemento principal: el misterio.
El primer problema de esta cinta, y muestra clara de sus bemoles narrativos, es que resulta innecesariamente larga, utilizando casi dos horas con veinte minutos para exponer un concepto sencillo. Lo curioso es que ante los ojos del espectador logra salvarse gracias a que no se vuelve pesada a la mitad del metraje o en su tramo final, de hecho, hay momento entre el segundo y tercer acto en los que quieres más, sino que es pobre en su arranque, un primer acto de cuarenta minutos que sin duda pudo haber estado mucho mejor construido y ser mucho más ameno. Sí, al ver el producto completo se entiende y justifica porqué se presentó de tal manera, pero ello no debería ser pretexto para tardar tanto tiempo en presentar personajes simples, una trama sencilla y apenas uno que otro motivo, pues la mayoría de estos son expuestos hasta el segundo y tercer acto.
Lo malo es que ni esta larga presentación sirve para generar empatía con unos personajes que desde los primeros minutos son muy planos y están construidos con manual en mano. Queda claro que es una crítica burda a sectores específicos de la sociedad, pero al hacerlo todo tan obvio y cliché, termina por caer en las mismas repeticiones y artificialidades de las que se queja. Aunque esto no implica que los personajes en lo individual funcionen mal, de hecho, varios pasajes de la cinta se sostienen por lo que uno u otro llega a hacer. Lo que es un hecho es que, contrario a su predecesora que lo hacía muy bien, aquí tenemos a personajes que están en tonos distintos, no por un tema propio o de dirección de actores, sino por cómo están construidos desde el guion. Los personajes de Kathryn Han, Leslie Odom Jr., Madelyn Cline y Janelle Monáe (quien, por cierto, nos regala una actuación formidable que seguramente le valdrá la nominación al Oscar) se ven obligados a tomárselo en serio, mientras que otros como el de Hudson o Norton están metidos de lleno en el terreno de lo fársico. Y ni que decir de mi Dave Bautista, al que de plano le cuesta sacar el personaje hasta en los momentos más simplones. Por fortuna, el rubro histriónico tiene como estandarte a un Daniel Craig que irradia simpatía cada que se muestra en pantalla.

Siguiendo con el tema del guion, que es el punto del que cojea esta película, nos encontramos con otro problema. Tal como lo señalaba en líneas anteriores, aquí se descuida un poco el tema del misterio para potenciar la crítica social y la comedia -muchas veces derivada de la misma- pero hay que decir que ambas son simplonas y realmente superfluas, pue no parecen existir motivos para estirar tanto la liga cuando el mensaje ha quedado claro desde el minuto diez de la película. Da la impresión de que, por momentos, Johnson se auto percibe como un cineasta sumamente inteligente y cree que el público es tan ignorante como para no entender a la primera los comentarios o momentos supuestamente críticos que presenta. Por otro lado, hay incoherencias que, mientras más piensas la película, más evidentes se hacen, y así, una vez que tienes el rompecabezas completo, empiezas a darte cuenta que hay situaciones ilógicas que irremediablemente van desdibujando la experiencia completa. Y es que el afán de Rian por querer sorprender es tanto, que el misterio y los giros de tuerca generan un efecto contraproducente, resultando hasta obvios. Claro, uno podrá justificarlo con la analogía de la cebolla de cristal que precisamente le da nombre a la película (muchas capas, pero un centro a la vista de todos), pero la obviedad es tal que más que una analogía parecería una justificación a la incapacidad para construir de forma decente una historia sobre misterio y enredos.
Dentro de sus elementos positivos, en esta secuela nos seguimos encontrando con una interesante capacidad por parte de su director para ir dejando pistas a lo largo del camino, logrando (aquí sí) un interesante juego con los personajes ficticios al interior del filme y con el espectador al exterior como parte de esta dinámica, de hecho, en este sentido sí logra superar lo hecho por su antecesora. Por supuesto que esto no funcionaría sin el interesante trabajo de montaje cortesía de Bob Ducsay, editor de cabecera de Johnson, el cual permite que esta aventura goce de una agilidad que el guion por sí mismo no le otorga. De igual manera, nos encontramos con un diseño de arte muy atractivo, todos los escenarios no están diciendo algo, quizá sean cosas simples, pero es de valorarse la dedicación puesta a un rubro que para muchos espectadores puede pasar desapercibido. Del mismo modo, los vestuarios son uno de los puntos altos de la cinta, cada personaje tiene un estilo propio que no desentona con el diseño de producción y que, en conjunto, elevan el producto desde el punto visual. Finalmente, la banda sonora de Nathan Johnson es una de las mejores del cine estadounidense en este 2022, pues es una perfecta acompañante para cada momento sin dejar del lado ese tono burlón hacia otros trabajos similares, sin duda muy bien lograda.

En resumen, Glass Onion: A Knives Out Mystery es una opción dominguera, que durante varios pasajes resulta entretenida, divertida y con encanto. El problema es lo burda que resulta en sus formas y lo poco exigente que es en lo concerniente al misterio. Y quizá no habría mayor problema en ello si esas no fueran sus pretensiones, pero esta secuela de ‘Knives Out’ pretende hacer creer que es muy lista cuando evidentemente no lo es. ¿Mejor que la mayoría de los whodunit de los últimos años? Sin duda. ¿Digna de ser recordada como una de las grandes propuestas del subgénero? Jamás.
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